De la Ley de Murphy a la Entropía
El desorden irresistible
En cierto modo, esta “Ley” es algo así como la versión popular de esa tendencia al desorden que los físicos conocen como “entropía”. Pero este es otro concepto que también ha padecido el efecto Murphy.Cuando sacamos una noción de su contexto específico, ya sea para explicarla, para generalizarla o simplemente para hacer ostentación de vocabulario, suele ocurrir lo peor.Pese a todos los esfuerzos, es inevitable que la gente termine creyendo que la relatividad consiste en creer que todo es relativo, que el positivismo es una actitud optimista o que la teoría de cuerdas tiene algo que ver con la música.Sucede que aquello que empieza como un escueto informe científico, con el tiempo desemboca en un libro dirigido a un amplio público. Si tiene algún éxito, alguien lo reduce a una ligera nota periodística, hasta que la televisión lo descubre y lo somete a la máxima simplificación. En consecuencia, lo que termina circulando puede ser un disparate total. Basta pensar en un concepto tan abstracto como el de “energía”, caído en manos de sanadores, dietólogos o instructores de gimnasia.Un proceso como éste puede describirse como un incremento de la entropía: una noción nacida con las máquinas térmicas que se ha generalizado hasta alcanzar campos tan remotos como la teoría de la información y la cosmología.
Acumulación de ruidos
En el caso de la comunicación, la entropía sería la acumulación de ruidos, que deriva en una distorsión del sentido. Es casi un corolario de la Ley de Murphy: “Si existe por lo menos una posibilidad de que algo se tergiverse, es seguro que alguien lo hará”. Los políticos sienten gran simpatía por este teorema, y suelen aplicarlo cada vez que se arrepienten de un exabrupto, echándole la culpa a los periodistas. Así como el capitán Murphy fue víctima de su propia ley, el concepto de entropía ha sufrido una creciente degradación, a medida que la cultura literaria se familiarizaba con él.Cuando hace cuatro décadas C.P. Snow hablaba del divorcio entre las “dos culturas” (la científica y la literaria), solía decir que un humanista que ignorara la entropía era tan inculto como un científico que desconociera a Shakespeare. Hoy, la situación parece haber cambiado: abundan los científicos que citan a Shakespeare y los humanistas que hablan de entropía. Pero el resultado ha sido paradójico: la entropía de los escritores no tiene nada que ver con la de los físicos, aunque funciona bastante bien como metáfora.
basado en texo de Pablo Capanna
En cierto modo, esta “Ley” es algo así como la versión popular de esa tendencia al desorden que los físicos conocen como “entropía”. Pero este es otro concepto que también ha padecido el efecto Murphy.Cuando sacamos una noción de su contexto específico, ya sea para explicarla, para generalizarla o simplemente para hacer ostentación de vocabulario, suele ocurrir lo peor.Pese a todos los esfuerzos, es inevitable que la gente termine creyendo que la relatividad consiste en creer que todo es relativo, que el positivismo es una actitud optimista o que la teoría de cuerdas tiene algo que ver con la música.Sucede que aquello que empieza como un escueto informe científico, con el tiempo desemboca en un libro dirigido a un amplio público. Si tiene algún éxito, alguien lo reduce a una ligera nota periodística, hasta que la televisión lo descubre y lo somete a la máxima simplificación. En consecuencia, lo que termina circulando puede ser un disparate total. Basta pensar en un concepto tan abstracto como el de “energía”, caído en manos de sanadores, dietólogos o instructores de gimnasia.Un proceso como éste puede describirse como un incremento de la entropía: una noción nacida con las máquinas térmicas que se ha generalizado hasta alcanzar campos tan remotos como la teoría de la información y la cosmología.
Acumulación de ruidos
En el caso de la comunicación, la entropía sería la acumulación de ruidos, que deriva en una distorsión del sentido. Es casi un corolario de la Ley de Murphy: “Si existe por lo menos una posibilidad de que algo se tergiverse, es seguro que alguien lo hará”. Los políticos sienten gran simpatía por este teorema, y suelen aplicarlo cada vez que se arrepienten de un exabrupto, echándole la culpa a los periodistas. Así como el capitán Murphy fue víctima de su propia ley, el concepto de entropía ha sufrido una creciente degradación, a medida que la cultura literaria se familiarizaba con él.Cuando hace cuatro décadas C.P. Snow hablaba del divorcio entre las “dos culturas” (la científica y la literaria), solía decir que un humanista que ignorara la entropía era tan inculto como un científico que desconociera a Shakespeare. Hoy, la situación parece haber cambiado: abundan los científicos que citan a Shakespeare y los humanistas que hablan de entropía. Pero el resultado ha sido paradójico: la entropía de los escritores no tiene nada que ver con la de los físicos, aunque funciona bastante bien como metáfora.
basado en texo de Pablo Capanna
2 Comments:
At 8/28/2005 2:26 p. m.,
Carly said…
entropía....ayyy..en fin, la ley de murphy me persigue, y creo que a varios los persigue...buen blog, sigue escribiendo!
At 8/29/2005 3:22 p. m.,
grandchester said…
para mí.... murphy es el mejor sabio optimista del mundo.....
si algo puede salir...va a salir mal,por lo tanto, ¿qué es lo único que nos queda?
¡¡hacerlas bien!!
no hacer las cosas a medias, las soluciones parches y demases...
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